jueves, 29 de noviembre de 2012

La Ira




Ira es la mandíbula que lucha consigo misma intentando triturar el viento
el grito ahogado que refleja un vacío en el que se retuerce el sentimiento
la erupción llena del dolor de esa nada
uñas que se esconden bajo la fuerza demoledora de un nudillo

Aquella respiración apresurada en el bufar del toro
cicatrices de las guerras internas a través del fruncir de un sueño
nota tensionante en el sonar de un instrumento

Silencio de dos espaldas
el inmisericorde sol de un desierto
y a la vez, el inclemente frío del invierto
es la sombra de otro sosteniendo su cuerpo tendido en el suelo

neblina que opaca cada juicio
brea que endurece alma y cuerpo
la inteligencia rezagada por la angustia en la perdida de los argumentos

Pasionalidad desmesurada
que como un relámpago rompe en dos el momento
quemando lo que toca con un estruendo

Ira es el final irreconciliable del razonamiento
la masacre de los pueblos
irrupción ante un discurso que sobresalta
derramándose en acontecimiento.

Agosto 26 de 2012

El mundo de la orilla


Se encuentra Martín sentado mirando la orilla, el pasar de cada ola, de las gaviotas, los suaves trazos de su lápiz sobre un viejo papel en el cual escribe letra a letra sus poesías. Lo inspira lo que pasa tanto en el mundo como en su vida, un cielo raso, una paloma, una leve llovizna, sus amigos, su familia. Su mente concatena agilmente cada acontecimiento dándole un sentido y un contexto, su boca murmura prácticamente en silencio dando un sonido a cada rima, a cada verso. Por ejemplo; en un breve momento baja su cabeza para mirar sus piernas, las cuales descienden hasta la arena, pareciendo fundirse sus pies con ella, como si cada dedo se enraizara como lo hacen en esos sitios generalmente aquellos los arboles altos a los que llaman palmeras, sintiendo las fuertes mareas acariciando tibiamente sus pantorrillas, danzando, haciéndolo sonreír con pequeñas cosquillas. El viento sopla de frente como invocando su mente hacia el horizonte, llenando su cabeza de la sinfonía de un cuadro que cambia a cada segundo, retrato que no sólo es una imagen sino que posee también los sonidos del mundo y sus maravillas. Así, en ese instante, podríamos decir que vuela, pero realmente parece que él se expande hasta convertirse en el todo que lo rodea. Aunque a la vista de un otro, siendo nada más que él, ya que cualquier transeúnte que pasa sólo lo observa diciendo “he ahí a ese demente sentado a la orilla durante todo un día escribiendo otra vez”.
Ya habían sido varios los lugares donde diferentes personas lo habían visto en la misma posición, y aunque todos los que lo miraban pertenecían a sitios y contextos totalmente diferentes era gracioso notar que en cada uno causaba esa misma reacción. Sin embargo, Este personaje, al que todos observaban por cortos momentos con extrañeza había dejado hace mucho de preocuparse por su apariencia: llevaba una camiseta blanca que ahora era ya prácticamente negra; sus pantalones de pana raídos de las botas a la cadera; unos zapatos que a través del tiempo se habían convertido en sandalias; y una aureola de insectos que siempre le rondaban; su pelo enmarañado como un extraño arbusto castaño; su cuerpo largo y flaco; ojos profundos en cuya oscura esfera se sentía el vacío de toda certeza; pero con cierta serenidad que parecía conservar la esperanza después de años de continuas travesías; su sonrisa era el dorado residuo de su arduo apoyo a las grandes tabacaleras y el susurro de su aliento el sabor ahumado de la antigüedad de su vida.

Gustavo despierta en su oficina recordando su sueño, -¿Qué habrá sido de ese hombre?- Se pregunta mientras toma un sorbo de café y observa sin poner atención en realidad al informe escrito en su computador. El abrumador aburrimiento estalla en él un giro en su perspectiva. Los gritos de su jefe se diluyen en el ruido del entorno de su oficina y como en sus primeros años de vida, las letras de nuevo se deslizan, figuras extrañas sin significación es todo lo que aparece en su pantalla, unas simples y extrañas líneas, algunas curvas otras rectas y entrecruzadas.
En un instante su brazo vuela libre por unos segundos, impulsando a la pila de hojas en su escritorio a mecerse en el aire con la ligereza de una pluma en el viento. Aunque las manecillas del reloj continúan su inevitable curso, se encuentran ahora desprovistas de sus incisivas coristas, esos molestos y punzantes golpeteos que denotan el vacío absurdo en la banalidad del proceso maquinal que llevan a cabo las manos en el tecleo y la transcripción.
-¡¡¡Silencio!!!- grita la palabra, profetizando el acto inmediato de aquella exigencia que se refleja en gestos de estupefacción. El único sonido es producido por unos pasos y una puerta que se cierra tras la sombra que sigue a un nuevo caminante hacia su salida.

-¡Roberto, estoy segura de que va a ser una gran escritora!- Dijo María mirando a la pequeña Mariana -¡mira como intenta expresarse en trazos ya, que gran facilidad tiene para decir las cosas en papel!-
 -¡Es cierto!- Decía asintiendo con gran ánimo el padre, mientras la niña les miraba sin entender siquiera el significado todo lo que se estaba expresando.
Ésta tan sólo podía observar una gran diversidad de colores, algunos objetos en movimiento, ruidos por todas partes, hasta que de pronto, su cobija cayó al suelo. Sólo hasta ese segundo en el que no alcanzó su manto, en el que no satisfizo su deseo, el frío le recordó el dolor causado por la salida del útero materno que dio paso a su entrada en el mundo social, y ante el auxilio de sus padres empezó a vislumbrar la existencia de otros que podían entenderla.
En ese punto dejó de asir para comenzar a señalar, de sólo llorar y sonreír intentando ahora comunicar y el mundo cobró un sentido y un significado. La danza de las palabras empezó a corretear desde ese instante por su lengua y por sus labios. La estupefacción de la feliz afirmación  – ¡Hay cosas en el mundo!- se mostraba implícita en sus actos; el correteo por los campos; y el mostrar con entusiasmo y preguntar cada objeto encontrado. ¡Oh! ¡¿Que ha pasado con el viento y el correr los juegos?! dulce tiempo en el que la sociedad es otro entretenimiento entre los demás que inventamos.   
-Señor y señora Barrero, es hora de tomar las pastillas he irse a acostar…- dijo la enfermera que se encargaba del cuidado del dúo de hermanos ancianos que se acompañaban mutuamente, para los que
(desde hace casi ya un más de un cuarto de siglo)  consideraban estaban llegando a sus últimos años.
Sus risas pausadas ante los programas de humor que la nana les sintonizaba en la televisión únicamente se interrumpían por el agudo y ensordecedor sonido de sus audífonos al ser ajustados para escuchar mejor. Esto, irónicamente, siempre terminaba apagar cualquier otro sonido al no poder escucharse más que ese odioso contra-alto. A continuación se daba, por lo general, una leve disputa en la cual intentaban callarse el uno al otro, lo cual tenía como desenlace un guiño de ojo o una mueca que de nuevo los hacía romper en carcajadas hasta finalmente ser acompañados a descansar en sus respectivas camas.
En las mañanas, sus lentas muelas postizas mascan el pan recién horneado, sus miradas en un nostálgico silencio hacia un punto vacío muestran al observador el largo y hermoso, pero pesado trayecto del tiempo y la presencia inexorable de una espera para la partida. El cansancio característico de un viajero que espera el último tren a media noche con un tiquete que sólo es de ida.
-¿Qué habrá pasado con Helena?- pregunta la hermana menor al viejo que se queda pensando.
-es probable que siga viviendo con sus hijos por chapinero… que buen humor tiene esa mujer, deberíamos llamarla para reunirnos a rezar el rosario y tomar unos tragos- responde éste después de un rato.
Un par de sonrisas se esbozan en los rostros de los ancianos dejando caer unas cuantas migas de su comida en el mantel de paño. Dos suspiros unidos por el pensamiento, y silencio... a seguir esperando.

Un joven escribe un breve texto, y al concatenar cada frase, vuelve a revisarlo, se detiene piensa, camina en círculos, suspira –es hora de fumar un cigarro- dice poniéndolo en su boca con la mano izquierda mientras lo prende con la otra que sostiene un artefacto. Su mente divaga a cada pitazo, recuerdos de amigos, mujeres, trabajos:
– ¡demonios!, no he leído ni pintado, debo apresurarme o no terminaré a tiempo lo estipulado-
apaga el tabaco mientras escucha unas voces en la calle, son dos extraños hablando, y en su mundo no saben ellos que están siendo escuchados.
Recuerda entonces que todos somos seres inacabados, finitos, limitados. Que cada una de nuestras decisiones es nuestro todo en un mar de nadas que pudieron haber sido pero nunca fueron. Que nuestra existencia particular implica una totalidad sesgada por cada una de esas otras totalidades. Inclusive algunas veces pudiendo ser detenidos en nuestra existencia y desvanecernos del mundo por un sutil y simple acto de otro que se presenta como acontecimiento inesperado, por ejemplo; con el fin de las palabras en un escrito bajo el cual no sabíamos que estábamos siendo inventados.

Agosto 20 de 2012

El resonar de una onda


La gota cayendo escucha el sonido de un grito agudo
Las voces, el tiempo, el sentir de una brisa leve
El recorrer del aire,
Los senderos,
El crujir de las ramas
Un pájaro revoloteando en el cielo
Los murmullos de los lagos que huelen a nostalgia
El croar del firmamento.
El dulce aroma de miles de colores que se muestran caricias
Un despertar del suave latir de un riachuelo
El reseco y ligero canto del desierto
La textura firme de un petrificado helecho
Las voces que huelen a vida
Los sonidos de todo un uno que saben a dulzor y amargura
El hermoso canto de una mirada
La deliciosa sencillez del perfume de una sonrisa
El terso y tierno matiz de un amanecer
La armoniosa arritmia de todas las cosas
La minuciosidad del relojero
La bicicleta impulsándose con ayuda de dos pies ajenos
El gris rozar del pavimento
La ondulación de cada paso
Un aroma a libro viejo
El sorpresivo sonido del correteo
El sabor a añejo del ensimismamiento
La visión de romance que genera un beso
De repente,
En la nada,
La figura de una metástasis con el todo
Ya no hay gota, sólo mundo
Y en el mundo un todo estruendo.

Agosto 29 de 2011